En la lección anterior...
En la última lección hablamos de la anatomía del buen diálogo y desvelamos que:
Para que el diálogo suene realista ha de estar salpicado de comunicación imperfecta y respuestas no verbales.
Enfatizamos que si queremos crear un diálogo realista, debemos hacer que coexista la comunicación perfecta con:
· comunicación imperfecta
· respuestas no verbales
· subtexto (lo que está presente en la comunicación y no se verbaliza)
Repasamos algunas formas de crear comunicación imperfecta como:
· que el personaje que habla no ponga suficiente atención o intención
· que el personaje que escucha no ponga suficiente atención
· que agentes externos dificulten la llegada del mensaje (ruido, conexiones...)
· que la falta de vocabulario del personaje que escucha haga que no lo entienda o que lo interprete mal.
También subrayamos la importrancia de la comunicación no verbal en el diálogo, y para ello expusimos diversas formas de contestar o reaccionar a un diálogo:
• a través del diálogo
• a través del silencio
• a través de la emoción
• a través de la acción
• a través de una combinación de dos o más anteriores.
Finalizamos insistiendo en que para que el diálogo cinematográfico suene realista debe emular al diálogo real y, por tanto, de vez en cuando, debe contener comunicación imperfecta y respuestas no verbales.
En la lección de hoy...
En esta entrega hablaremos de los errores más comunes al dialogar, que por supuesto, impiden que el diálogo sea percibido como realista.
Pongámonos a ello...
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Todos somos propensos a cometer cierto
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Todos los guionistas tenemos neustros puntos débiles a la hora de dialogar, no importa si somos profesionales o noveles. Y sucede que, de las múltiples posibilidades de cometer errores dialogando, caemos siempre en las mismas.
Durante mis años como analista y scriptdoctor a principios de los años 90, pasaron por mis manos un buen número de tratamientos y guiones, aunque sólo una treintena de ellos vio la luz como obra audiovisual. Algunas veces fue debido a que sus autores estuvieron abiertos a acoplar correcciones que resultaron en una clara mejoría, otras porque, pese a las deficiencias que tenían, había el suficiente capital financiero para sustentar la producción y el subsiguiente (y vaticinado) fracaso en taquilla.
De mi época dedicada a reparar la salud de lo escrito, aparte de dejar unos patrones claros sobre cómo efectuar un análisis de guión, aprovechados por los departamentos de desarrollo de las productoras con las que colaboré más estrechamente, quedó también el resultado de una feliz idea que tuve: tabular, a modo personal, los fallos más comunes que encontraba repetidamente en los diálogos de los guiones sujetos a análisis, con el fin de ahorrarme la pesada tarea de explicar lo mismo una y otra vez.
Invariablemente, no importaba cuan conocido o desconocido fuese el autor, la escritura de diálogos se veía salpicada de alguno de los que finalmente bauticé como “los 25 fallos más comunes al dialogar”. Y lo más sorprendente del caso era que cada autor tenía propensión a caer en algunos de ellos, mientras que en otros era absolutamente un as, algo así como inmune al cien por cien.
Este fenómeno me hizo pensar que la tendencia que tenemos como guionistas a caer en unos determinados fallos y no en otros es semejante a la tendencia a adquirir un cierto tipo de enfermedades más que otras. De ahí, una conclusión evidente: nos vendría muy bien a los guionistas descubrir de qué fallos debemos protegernos más, pues son éstos los que nos acecharán en uno y otro guión.
La extensión del curso impide la profundización a través de ejemplos, descripción de efectos o síntomas en el público y en el lector, y descripción de soluciones, pero dará a conocer el nombre y definición de los fallos, lo que permitirá saber cuáles son y autoanalizar a cuáles somos más propensos.
Antes de describirlos hay que aclarar que aunque la regla de oro del diálogo es que ante todo, éste sea verosímil, no hay que olvidar que la falta de verosimilitud será una consecuencia o efecto de cometer fallos como los que se enumeran seguidamente.
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El diálogo repite lo que ya vemos a través de la acción.
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Diálogo demasiado rígido o formal para una situación que requeriría diálogo menos académico.
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Diálogo semejante a una “bella” prosa poética fuera de contexto.
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El personaje expone literalmente lo que piensa, sin tamizarlo a través de su personalidad o de sus intenciones.
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El diálogo redunda en información ya suministrada.
A diferencia del diálogo obvio, repite una información (no una acción) y fundamentalmente lo hace porque el guionista no sabe eludirla en el nuevo contexto al que se enfrenta.
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El diálogo es trivial, habla mucho de nada o se va demasiado "por las ramas" para lo que requiere el objetivo escénico.
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Los diálogos no provocan la reacción de otros personajes ni activan conflictos.
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La longitud de las intervenciones son más propias de un discurso que de una conversación, en contextos que requieren un diálogo más ágil.
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Ante una determinada situación los personajes responden con las mismas palabras que anticipamos.
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A través del diálogo, se dan innumerables detalles de la biografía de algún personaje, o de cómo era o sentía, sobrepasando lo esencial para la trama.
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Información comunicada al espectador a través del diálogo, de manera demasiado evidente, dejando al desnudo el objetivo de exponer un dato.
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Diálogo que nos repite un dato proporcionado anteriormente, con el propósito de que no nos pase desapercibido.
A diferencia del Diálogo Repetitivo, aquí no es la acción la que nos lleva a efectuar la repetición sino la inadecuada voluntad 'explicativa' del guionista.
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Diálogo a través del cual el guionista proporciona una gran cantidad de información concentrada, imposible de digerir.
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Diálogo que transmite un "mensaje" -usualmente ideológico- del guionista de manera abierta, poco sutil, al más puro estilo de político en campaña o predicador americano.
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Todos los personajes hablan igual, ya sean médicos, obreros de la construcción, policías, estudiantes...
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Un personaje muestra inconsistencia con su propio idiolecto. En ocasiones se expresa de una forma, y en otras, de una manera absolutamente distinta, de forma no calculada.
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El guionista hace uso de argot en todo momento; o emplea lenguaje que no es propio del grupo que intenta describir; o utiliza argot obsoleto que ha sido sustituido por nuevos términos.
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El guionista hace uso excesivo de jerga profesional dificultando la comprensión.
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Empleo no adecuado de tacos, bien sea por mal uso (tacos que no concuerdan con el personaje o tacos excesivamente malsonantes), abuso (exceso) o falta de ellos (defecto).
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Diálogo que da lugar a contestaciones con monosílabos, usualmente debido a preguntas cerradas que invitan a ese tipo de respuesta.
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Se condensan una serie de pensamientos en una frase en favor de la economía, diluyendo su potencial dramático al perder volumen.
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Diálogo prolongado que cubre diferentes aspectos y matices de un mismo tema y parece no acabar nunca.
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Se adereza la trama con 'chistes' ajenos a la misma persiguiendo un efecto cómico o ingenioso que la entorpece.
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Diálogo que va a un ritmo discordante al de la acción que tiene lugar. Es el caso de los diálogos largos en situaciones de alta acción donde el propio ritmo respiratorio de los protagonistas lo imposibilitaría.
Tags: cine, guiones, televisión