En la lección anterior...
El otro día veíamos el primer secreto clave para crear un diálogo realista, y comprobábamos que tenía que ver con la importancia del diálogo en relación al guión. También explorábamos la importancia real del diálogo respecto a otros elementos claves del guión.
Recordemos algunas de las ideas principales para fijarlas en nuestra memoria:
En un guión, el diálogo es infinitamente más importante de lo que los gurús de Hollywood te quieren hacer creer.
Si no nos formamos en diálogos, estamos obviando una de las partes esenciales que un guionista profesional debe dominar.
Al igual que no existe una buena película con un mal guión, no existirá un buen guión con malos diálogos.
Un guión tiene 8 variables clave y para obtener un buen guión, cada variable debe ser trabajada e integrada con las demás hasta la formación de un todo interdependiente y sin grietas.
Como norma, el diálogo se dejará para la última etapa, una vez trabajadas las otras variables clave.
En La Lección De Hoy...
Hoy vamos a compartir el segundo secreto, sobre los personajes que protagonizan el diálogo.
Entremos en materia...
|
Las posibilidades de crear un diálogo realista son directamente proporcionales al conocimiento que tenemos de los personajes que dialogan.
|
Si a una mujer le comunicaran que su vecina ha tenido un accidente de coche, su reacción podría ser completamente distinta según fuera su personalidad.
Si nos preguntasen cómo reaccionaría nuestra madre, nuestra novia, nuestra mejor amiga, nuestra hermana o nuestra abuela, en tal circunstancia, lo más probable es que no supusiera gran trabajo vislumbrar una reacción específica ante la noticia. Si hacemos el ejercicio de concentrarnos en ello, quizá veamos incluso con detalle algunos gestos y oigamos expresiones que les son comunes.
Si tuviéramos que dialogar una escena en la que a una mujer le comunican que su vecina ha tenido un accidente de coche, estaríamos más cómodos si el personaje tuviera una personalidad muy parecida o idéntica a la de alguien que conocemos.
¿Por qué?
Por dos razones fundamentales:
§ porque al conocer al personaje, conocemos sus posibles reacciones (automáticamente y sin esfuerzo). Y
§ porque se trata de un personaje “de carne y hueso”, es decir, con personalidad bien construida.
Uno de los grandes fallos en la escritura de diálogos consiste en dialogar sin conocer realmente a nuestros personajes. El resultado es un dialogo poco verosímil, tópico o falto de vida.
Si no conocemos bien a nuestros personajes, no sabremos como pueden reaccionar ante tal o cual circunstancia, y muy habitualmente rellenaremos nuestra ignorancia recurriendo a frases o reacciones estereotipadas, uno de los grandes enemigos del guionista.
Al estar construido un guión a base de acciones y reacciones, podemos caer en el error de estar creando algo absolutamente artificioso.
Por eso es imprescindible que antes de dialogar el guionista conozca bien a sus personajes.
Sin embargo, la mayoría de las veces no vamos a escribir sobre nuestra madre, novia, mejor amiga, hermana o abuela, sino que nos apetecerá crear personajes a los que, jugando a ser divinos, les infundemos vida nueva. Y necesitaremos recursos para conocer a estos personajes en el menor tiempo posible – antes de dialogar.
Aunque el cometido de este curso no es proporcionar una metodología para crear personajes, no podemos obviar la lista de variables que es conveniente conocer de cada uno de ellos, antes de hacerles hablar, como parte inseparable del arte de dialogar.
Llegados a este punto, la duda puede surgir. ¿Tendremos que recurrir a complejas teorías psicológicas de la personalidad para construir un personaje de forma coherente?
Para conocer a nuestros personajes de modo suficiente para dialogar, afortunadamente, no hace falta complicarse demasiado.
Personalmente, más que todas las teorías aprendidas en años universitarios y profesionales como psicólogo, te confiaré una técnica, simple y al alcance de todo el mundo, que permite el conocimiento “rápido” de un personaje.
Es lo que yo llamo la radiografía biopsicosocial del personaje - para abreviar “radiografía”- y se consigue a través de una “entrevista” simulada con el personaje en cuestión.
La técnica consiste en efectuar una “entrevista” planteada en una triple dimensión -física, social y psicológica-. Efectuaremos preguntas sobre algunas variables de estos campos, a las que contestaremos nosotros como si fuéramos el personaje.
La utilización de variables físicas, sociales o psicológicas para construir personajes no es nada nuevo.
Con mi colega Ángel García Roldán, hace años adaptamos una lista consensuada que hemos utilizado en múltiples guiones y series de autoría conjunta y que fue desarrollada como una derivación de la abogada por Lajos Egri, autor del famoso libro “The Art of Dramatic Writing”, clave para profundizar en la dramaturgia y reconocida fuente de inspiración de muchos de los grandes guionistas de Hollywood.
La radiografía biopsicosocial del personaje no es algo fijo, sino modificable. Se pueden añadir o quitar variables.
La lista con la que trabajamos durante años incluía:
|
En características personales y físicas:
|
|
En características sociológicas: estado civil; antecedentes familiares; clase social; educación; economía; ocupación actual; ocupación pasada; intereses; contactos sociales; ética/moral; inclinaciones políticas; deportes; aficiones; nivel de idealismo; nivel de pragmatismo; nivel de materialismo; capacidades intelectuales; nivel de ambición. |
|
En características psicológicas: fantasía favorita; paradoja entre deseo y realidad; problemas; fobias; preferencias sexuales; tipo de pareja ideal; valores; cualidades; habilidades; defectos; conducta antisocial; lo que le gusta; lo que le disgusta; actor que recuerda al personaje. |
La división entre los tres grupos es arbitraria y lo más importante no es debatir si un rasgo pertenece o no a un grupo, sino realmente despejar la incógnita acerca de ese rasgo. Ejemplo: es evidente que "actor que recuerda al personaje" no es una característica psicológica, pero por conveniencia acordamos ponerlo como último punto y en esa categoría se quedó. En definitiva, nuestro objetivo es componer el puzzle del personaje de la forma que queramos, mientras al final del proceso tengamos una idea clara de él.
Listas similares a las descritas se han adjuntado habitualmente a los programas informáticos de ayuda en la construcción de guiones, desde el pionero Collaborator hasta el Storyline Pro de John Truby, convertido hoy en día en el reconocido Blockbuster. Pero a pesar de que todos han destacado siempre por su utilidad, la ventaja de la “radiografía” sobre las listas de los programas informáticos es que, además de ser “barata”, puedes modificarla a tu antojo, es decir, añadir o quitar variables, según las consideres más o menos relevantes. De hecho, en cada curso presencial de diálogos, siempre hay alumnos que sugieren nuevas variables verdaderamente interesantes.
Por ejemplo, alguien sugirió preguntarse sobre los gustos culinarios; qué come nuestro personaje, qué le gusta, de qué se reprime, cómo come (forma)... Lo mismo con la bebida. O el baile: ¿se trata de una persona que baila o que no baila? Y si baila ¿cómo baila? Todo esto arroja pequeños detalles de personalidad que ayudan a componer el complejo mosaico que forma un ser humano. (Aunque en la película no tenga que bailar).
En el curso “Los diálogos en el guión cinematográfico” repartimos una plantilla para hacer más cómodo el trabajo con la radriogafía y, a modo de experimento, trabajamos un personaje que creamos en el momento. Cada alumno propone una característica de la lista. La experiencia es divertida y rápida. La única consigna es no crear un monstruo, aunque no siempre lo logramos.
Contestando a cada una de esas variables, nuestro conocimiento del personaje incrementa hasta poder imaginar o describir instintivamente sus reacciones verbales y no verbales ante diversas situaciones o estímulos.
Es posible que en la primera pasada no afinemos del todo y alguna característica sea demasiado incongruente respecto a otra. Será nuestra labor el pulirlas hasta que formen un todo verosímil. Eso no quiere decir que no se puedan incorporar elementos contradictorios. Todos los seres humanos los tenemos.
¿Cuánto tiempo nos llevará? Depende. Es distinto radiografiar a un protagonista que a un secundario. Pero conciénciate de que debes pasar un mínimo de tiempo con tus personajes, y además hacerlo fuera del contexto de tu historia. Concédete ese pequeño lujo de poder entrevistarlos y conocerlos mejor.
Espero que no seas de aquellos que dicen que les da pereza hacerlo, porque si realmente te dan pereza tus personajes, siendo su autor, imagínate lo que les sucederá a los demás.
De todo esto saca una conclusión:
Sólo después del conocimiento y familiarización con el personaje estaremos en condiciones de realizar un buen diálogo.
Entonces podremos experimentar el fenómeno que debemos perseguir: que el personaje cobre vida aparte de la nuestra. Así, cuando hable, hablará él, cuando reaccione, reaccionará él.
Para que pueda cobrar vida aparte un personaje, necesitas estar familiarizado con él. De otro modo, lo más probable es que tu diálogo no suene real o suene demasiado a ti mismo.
Ahora debes practicar esta familiarización, según hemos hablado. Construye una plantilla para hacer una radiografía a tus personajes y experimenta con ella. Si quieres, intenta radiografiar primero a una persona que conozcas. Cuando termines de aplicar la radiografía a un personaje de creación propia, verás que estás mucho más familiarizado con él.
Por supuesto, esto no va a ser suficiente para que emane de los labios de tus `personajes un diálogo como deseas. Inmediatamente después de radiografiarlo, hay otro aspecto fundamental a trabajar: su forma de hablar. Pero eso lo dejaremos para la siguiente lección.
Tags: guiones, cine, televisi{on